Micelio, el día después

Adrien Rigobello

viernes, 24 de julio de 2026  |   

Los materiales de micelio tras el entusiasmo inicial: qué puede aprender Argentina de una industrialización lenta.


A menudo, la historia de los materiales de micelio comienza con la imagen de un bloque blanco extraído de un molde, liviano al tacto y capaz de provocar asombro al contacto. Una lámpara, un panel, una suela de zapato, un inserto de embalaje o una lámina similar al cuero: todos parecen haber crecido como un árbol. ¿Podría cultivarse el futuro en lugar de diseñarse químicamente? Para la arquitectura y el diseño, esta imagen ha resultado poderosamente seductora, ya que estos materiales aparentan provenir de la descomposición sin verse como residuos, sino como una forma de materia sublimada. Cargan con el atractivo de la biología, la artesanía, la circularidad y un futuro industrial menos agresivo. La abundancia parece ser, en verdad, la promesa en un mundo atravesado por tantos conflictos de recursos. Es fácil entender por qué circularon tan rápidamente por exposiciones, estudios, bienales y presentaciones de empresas emergentes. Sin embargo, hoy, el registro industrial pone en cuestión la idea de una solución sencilla frente a los estragos de la petroquímica. Ya conocen el dicho: “Las promesas solo comprometen a quienes creen en ellas”[1].

En Argentina, este balance global puede leerse de manera práctica. ¿Qué tipo de industrialización está ocurriendo realmente, bajo qué restricciones, y qué podría significar esto en un país con abundantes residuos orgánicos, regiones agrícolas fuertes, mercados de exportación y oportunidades para la transformación local de materiales?

¿Qué se está industrializando?
Los hongos se incorporaron tardíamente a la biología moderna. Este punto de inflexión puede situarse en 1959, cuando Robert Whittaker los clasificó formalmente como un reino distinto, separado de las plantas. Desde entonces, la taxonomía fúngica ha cambiado de manera continua y, dado que se considera a la gran mayoría de las especies de hongos como desconocidas, buena parte de las especies conocidas permanece también en el misterio. Así, los materiales de micelio, punta de lanza del movimiento de la biofabricación, se apoyan en un campo en el que el conocimiento se expande, pero está lejos de estar estabilizado. Esto no hace imposible la industrialización; más bien, la supedita a nuevos conocimientos que se publican todas las semanas.

La alimentación, la industria farmacéutica y los biocombustibles ya dependen en gran medida de los hongos: pensemos en las levaduras, la fermentación y las enzimas. Sin embargo, esos sectores se construyeron a partir de una experiencia acumulada, procesos controlados, instalaciones especializadas y sistemas de calidad rigurosos. Además, la mayoría de las actividades en esos sectores utiliza fermentación en estado líquido, más fácil de controlar que la fermentación en estado sólido que suelen requerir los materiales de micelio.

Los materiales de micelio parten de una premisa simple: se introduce un hongo degradador de madera en un sustrato húmedo y rico en celulosa. La gírgola (Pleurotus ostreatus), el reishi (Ganoderma lucidum) o la cola de pavo (Trametes versicolor) se encuentran entre las especies más utilizadas para este fin, aunque podrían emplearse cientos de especies más. La paja, el aserrín, las cáscaras, el bagazo, la médula de cáñamo, el cartón u otras fibras actúan como medio nutritivo de crecimiento. A medida que el micelio coloniza las partículas, se alimenta de ellas y las une. Luego, el objeto se puede prensar, madurar, cortar, secar, recubrir o dejar con superficie fibrosa o similar al queso brie. Otras técnicas producen láminas de micelio puro para materiales semejantes al cuero o espumas.

Aquí es donde puede volverse imprecisa parte de la conversación pública, ya que el “material de micelio” suele describirse como una sola cosa. En la práctica, se trata de un conjunto de procesos biológicos y aspiraciones de producto. Algunos se aproximan al embalaje, otros a los interiores o a los textiles, y en 2019 se identificó una nueva frontera con esfuerzos crecientes hacia lo que se denomina “materiales vivos diseñados” (engineered living materials, ELM)[2], cuya ambición es utilizar microbios potencialmente vivos, probablemente modificados genéticamente, para realizar tareas de señalización, reparación u otras funciones para las cuales el único límite es la imaginación. Los costos, riesgos y futuros estándares de los materiales de micelio pueden variar tan ampliamente como lo hacen sus funciones y segmentos de mercado.

El embalaje: la referencia comercial más clara
La empresa Ecovative, fundada en Estados Unidos en 2006, dio su primera referencia comercial duradera al campo de los materiales de micelio. Su propuesta era clara: los residuos agrícolas podían ser aglutinados mediante el crecimiento fúngico para producir embalajes compostables como reemplazo al poliestireno expandido en algunos usos. La empresa ha desarrollado tanto un modelo de licencias como su propia capacidad, lo que hizo que el modelo pareciera implementable. Veinte años después, Ecovative sigue siendo uno de los pocos actores con escala operativa visible. Informa que cuenta con dos plantas de producción, una gran sede central, una infraestructura piloto y más de 4.500 toneladas anuales de materia prima procesada en productos de micelio.

Las proyecciones para el mercado de embalajes basados en micelio pueden parecer elevadas, incluso siendo conservadoras. Una estimación ubica al sector en USD 92,9 millones en 2025 y USD 228,1 millones para 2035, lo que implica una tasa de crecimiento anual del 9,4 % (Future Market Insights). Sin embargo, Ecovative, todavía una de las empresas centrales del campo y cercana a una posición monopólica en el embalaje de micelio, parece operar con una facturación global estimada de aproximadamente USD 12 a 18 millones en todas sus actividades para 2025, incluidas licencias, productos alimenticios y materiales. Esta discrepancia, como mínimo significativa, ilustra desafíos regulatorios, pero también nos recuerda que la innovación, por más fundada que parezca la narrativa, debe ser oportuna y concertada. Además, la micofobia es un fenómeno cultural visible que podría afectar fácilmente la aceptabilidad de estos nuevos materiales por parte de los consumidores.

Grown Bio, una subsidiaria de Ecovative en los Países Bajos, informa una capacidad de alrededor de 300.000 unidades de embalaje por año, con un objetivo futuro de 10 millones. Su facturación no es pública, pero una estimación plausible la ubica en el orden de pocos millones de euros, quizá hasta €4 millones en 2025 (ZoomInfo). Mycelium Materials Europe, también en los Países Bajos, informa una capacidad de alrededor de 1,5 millones de pies cuadrados, o 139.300 m², y probablemente opera en un rango similar, de pocos millones de euros. Magical Mushroom Company, en el Reino Unido, trabaja bajo licencia de Ecovative, y ha sido descrita como productora de millones de piezas de embalaje para 2025, con una facturación estimada de aproximadamente £6 a 7 millones. Estas son cifras importantes para un campo material joven, aunque no corresponden todavía a las de una industria madura del embalaje.

Magical Mushroom Company se diferencia de sus competidores europeos. En lugar de posicionarse como una plataforma avanzada de biomateriales, la empresa se concentró en la producción estandarizada de embalajes bajo licencia, lo que redujo la incertidumbre de la I+D biológica[3] y permitió concentrarse antes en la fabricación, la automatización y la captación de clientes. Las afirmaciones públicas sobre capacidad instalada, facturación real y escala industrial deben tratarse con cautela, ya que la evidencia disponible no permite establecer una utilización plena de esa capacidad. En lugar de la existencia de un problema de industrialización fundamentalmente resuelto, la trayectoria de la empresa probablemente refleja una combinación de enfoque operativo, reducción del riesgo tecnológico mediante licencias, apoyo público a la innovación y un posicionamiento favorable en el mercado del embalaje.

La brecha entre las proyecciones y la facturación debe mantenerse a la vista, al igual que el interés de estos actores por los efectos de los anuncios. Los embalajes de micelio siguen siendo muy poco frecuentes, y los inversores se están volviendo más precavidos. Estos materiales ya no son especulativos en el sentido de ser imposibles o imaginarios. Sabemos que ya pueden reemplazar la mayoría de las aplicaciones del poliestireno, entre otros casos. Son especulativos en otro sentido: sus mercados futuros suelen cotizarse en el discurso antes de hacerse visibles en las cuentas de producción.

El difícil tránsito del crecimiento biológico a la industria
Los productores necesitan fiabilidad biológica dentro de una economía industrial que integra la variación con dificultad. El sustrato que necesita el hongo para crecer debe estar disponible, lo suficientemente limpio, molido o triturado hasta alcanzar un tamaño trabajable, correctamente hidratado y esterilizado. El hongo debe colonizarlo sin contaminación y el desarrollo de biomasa fúngica debe ser lo suficientemente rápido como para que tenga sentido en términos de control de costos. Los objetos cultivados luego deben secarse sin consumir demasiada energía y el producto puede requerir posprocesamiento. Aunque estas variables son manejables, los diferentes usos que pueden dársele también pueden requerir una calificación del producto en relación con el comportamiento ante al fuego, la estabilidad ante la humedad, la resistencia a plagas, la compostabilidad, la aptitud para contacto con alimentos o la seguridad en interiores. Estas restricciones no han impedido que las empresas lo intenten; sin embargo, sí han disminuido la cantidad de lugares en que la industrialización del micelio tiene sentido para ellas.

Aquí es donde resultan útiles las estimaciones de facturación, porque impiden que las expectativas del sector queden sobreestimadas respecto de su verdadera capacidad industrial. Si bien las proyecciones del mercado global parecen alentadoras, la implementación efectiva de una industria que promete reubicación de cadenas de suministro, tratamiento seguro de residuos orgánicos, oportunidades laborales, entornos más seguros e independencia estratégica en relación con los combustibles fósiles debería aprender de sus primeros veinte años, en los que ha rendido por debajo de lo esperado.

La visibilidad del lujo y sus límites
En Estados Unidos, MycoWorks y Bolt Threads mostraron el potencial de las colaboraciones con marcas de lujo y la fragilidad subyacente. MycoWorks desarrolló una alternativa al cuero y captó atención mediante una colaboración puntual con Hermès; luego recaudó USD 125 millones en 2022 para construir una planta a escala completa en Carolina del Sur. Su notable planta se inauguró en 2023 bajo la promesa de producir millones de pies cuadrados anualmente y, a fines de 2025, la empresa anunció el cierre de la fábrica y un giro hacia el abastecimiento externo y el foco en la transformación del material. Mylo, de Bolt Threads, tuvo una visibilidad comparable a través de la colaboración con Adidas, Stella McCartney y Kering, antes de hacer una pausa en 2023 tras dificultades de financiamiento.

Estas empresas permitieron que el campo avanzara técnica y culturalmente, aun cuando sus recorridos recientes proyecten una sombra considerable sobre todo el sector. Esto nos recuerda que los prototipos de alto perfil no resuelven la problemática industrial ni la del consumidor. Una cartera o un abrigo pueden demostrar que un material puede ser acabado de forma cuidada una vez, pero no demuestran que ese mismo material pueda producirse con costo y calidad consistentes, con suficiente volumen y con un comprador dispuesto a volver después de la primera campaña.

Empresas europeas, certificación y política pública
En Europa, observamos la aparición de fábricas más pequeñas, incentivos regulatorios más fuertes y productos orientados al diseño. MOGU/SQIM, en Italia, sigue siendo uno de los actores más visibles, con su línea MOGU para interiores, pisos, acústica y decoración, y EPHEA para materiales semejantes al cuero. Su ronda Serie A de €11 millones en 2024 indica confianza por parte de inversores como CDP Venture Capital, ECBF VC, Kering Ventures y Progress Tech Transfer. El abrigo EPHEA de Balenciaga de 2022, con un precio de €9.000, dio visibilidad al material en la moda de lujo, sin resolver aún la producción masiva.

S.Lab fue fundada en Ucrania en 2021 y orienta su actividad a los mercados europeos. Aunque su facturación parece mantenerse por debajo del millón de euros, propone una fabricación distribuida en contenedores y obtuvo la certificación TÜV Austria OK Home Compost[4] para sus embalajes en 2025. En una región en que el compostaje puede no estar disponible, la compostabilidad no responde todas las preguntas sobre aditivos, recubrimientos, infraestructura real de disposición final, seguridad biológica o destino del producto, pero constituye un avance hacia el reconocimiento institucional. El modelo de fabricación distribuida de S.Lab ofrece una renovación bienvenida del modo de pensar el modelo productivo y abre la posibilidad de producir más cerca tanto de la fuente de los insumos como de los consumidores.

La propuesta de la Ley de Materiales Avanzados de la Unión Europea[5], prevista para el cuarto trimestre de 2026, busca abordar el escalado, la estandarización, la producción y la implementación de materiales avanzados. Los materiales de micelio encajan con algunos de los problemas que la política pública ya tiene identificados: investigación fragmentada, estándares débiles, financiamiento limitado para el escalado e incertidumbre en las adquisiciones públicas. Sin embargo, la política pública no eliminará la competencia de la fibra moldeada, la pulpa de papel, las espumas de celulosa, la fibra de madera, los polímeros reciclados y los sistemas de embalaje establecidos; estos materiales ya cuentan con fábricas, listas de precios, especificaciones, rutinas de compra y actores sectoriales con capacidad de incidencia.

China: instituciones, patentes y fábricas piloto
La evidencia pública de 2024 y 2025 en China apunta a aplicaciones en embalaje, interiores, lámparas, mobiliario, moda y elementos automotrices. La cooperación de Puranwei Biotechnology con el Instituto de Hongos Comestibles de la Academia de Ciencias Agrícolas de Shanghái es notable, porque conecta el cuero de micelio con bancos de cepas, cribado de cepas, genómica, metabolómica, biología sintética, cultivo inteligente y posprocesamiento. La transición reportada de la empresa Wuxi Junzhen[6] desde el cultivo controlado en salas limpias en el Parque Científico y Tecnológico de la Universidad de Jiangnan hacia una fábrica piloto de casi 1.000 m² en Suzhou sugiere una voluntad de institucionalizar rápidamente el campo.

Aun así, la evidencia pública todavía no muestra una producción masiva estable. Las patentes describen condiciones de crecimiento, ventanas de cultivo y métodos de inactivación, pero no equivalen a fábricas económicamente sostenibles ni a propuestas socioambientalmente relevantes. Dicho esto, China podría convertirse en un actor central de este campo, porque tiene instituciones de ciencias agrícolas, conocimiento en hongos comestibles, capacidad de fabricación e inversión en biología sintética.

India: trabajar desde abajo
El punto de partida de los emprendimientos indios parece estar más arraigado en las oportunidades de los residuos agrícolas que en el deseo de producir nuevos objetos coleccionables. Dharaksha Ecosolutions utiliza rastrojo de arroz para fabricar embalajes biodegradables. La empresa paga a agricultores por el rastrojo y vincula el producto con dos problemas concretos que podría ayudar a aliviar: la quema de residuos de cosecha y la contaminación por plásticos. En 2024 recaudó alrededor de USD 2,95 millones y algunos informes afirmaron que había reutilizado 7.000 toneladas de residuos agrícolas. Roha Biotech, con sede en Chennai, trabaja con residuos como bagazo de caña de azúcar y paja de arroz. Informa sobre subsidios, pilotos comerciales pagados y planes para escalar de 4 toneladas por mes a 4 toneladas por día.

Estos ejemplos en India muestran que un residuo puede volverse industrialmente significativo cuando está ligado a un lugar, un costo, un daño y un comprador. La paja de arroz se recolecta estacionalmente, se quema en los campos, se asocia con la contaminación del aire, la manipulan los agricultores y resulta difícil de incorporar en cadenas de valor existentes. Los materiales de micelio se convierten en una vía plausible de extender la cadena de valor antes de transformar la materia en energía mediante quema o compostaje, además de generar empleo y abordar problemas sanitarios y ambientales. En efecto, orientar el desarrollo de una empresa a partir de una narrativa de novedad o relevancia ambiental puede no incidir en el diseño real del producto, pero sí podría definir su liderazgo en el futuro.

Sudeste asiático: la abundancia de sustrato no es una industria
El sudeste asiático tampoco carece de posibles sustratos: rastrojos de arroz, cáscara de coco, residuos de aceite de palma, bagazo de caña de azúcar, residuos de mandioca, fibras de banana, residuos de bambú, aserrín, residuos de café y cartón. No sorprende que Singapur ofrezca una base de innovación a través de empresas como Alterpacks, ni que Indonesia sea sede de Mycotech Lab, fundada en Bandung en 2015, que desarrolló interiores y materiales similares al cuero.

Sin embargo, en la región en su conjunto, la abundancia de sustrato todavía no condujo a una industria del micelio claramente consolidada. Además de los argumentos sobre si el mercado está listo, como ya se mencionó, la recolección y el procesamiento de residuos también pueden representar esfuerzos significativos: secarlos o congelarlos para su almacenamiento, almacenarlos y procesarlos para su uso posterior. Este tipo de actividades podría ser desarrollado gradualmente por empresas de tratamiento de residuos o por nuevos actores capaces de abastecer a una diversidad de agentes con recursos orgánicos valiosos, listos para su transformación. Lo mismo puede suceder en cualquier lugar, incluso en Argentina.

Argentina: insumos, demandas y geografía
Argentina es rica en recursos orgánicos: paja de trigo, rastrojo de maíz, residuos de soja, cáscaras de girasol, cáscaras de arroz, cáscaras de maní, bagazo de caña de azúcar, orujo de uva, residuos de poda, residuos de yerba mate, aserrín, cartón y flujos celulósicos municipales. Cada material tiene una geografía, una estación, un nivel de humedad, un uso existente, un precio, un riesgo de contaminación y un problema de transporte. Algunos residuos ya se utilizan para reincorporación al suelo, lechos para animales, compostaje, combustible o usos informales, por lo que incorporarlos a una nueva cadena de valor puede ser útil en un lugar, pero perjudicial en otro. Por eso, lo ideal es coordinarlos con las cadenas de suministro y a través de ellas para intentar mejorar una economía que ya está funcionando, antes de dejarse llevar por la novedad de los materiales de micelio.

Si los ejemplos en otras áreas proporcionan algún aprendizaje es que el desarrollo pragmático e integrado entre los actores de la cadena de valor involucrados e interesados puede marcar una diferencia en términos de sostenibilidad del negocio, utilizando mapeos de residuos y demandas. ¿Dónde está ya enfardada la paja de trigo? ¿Dónde se acumula aserrín limpio? ¿Qué bodegas tienen residuos de poda u orujo de uva con costos de eliminación? ¿Qué flujos de cartón están lo suficientemente clasificados como para resultar útiles? ¿Qué exportadoras de frutas utilizan embalajes protectores que podrían reemplazarse con propiedades equivalentes o superiores? ¿Qué fabricantes se ubican lo suficientemente cerca del residuo?

Argentina tiene regiones vitivinícolas fuertes, mercados de exportación y una cultura de presentación de este producto. La protección de las botellas de vino ya requiere de por sí una amortiguación, formas moldeadas y diferenciación de marca. Los residuos de viñedos, el cartón y otras fibras locales son insumos probadamente valiosos para producir materiales de micelio con cualidades estéticas distintivas. Las exportadoras de frutas podrían presentar otra oportunidad: los embalajes y amortiguaciones para cadena de frío requieren liviandad, protección y confiabilidad de suministro. Los paneles acústicos, el aislamiento y los tableros interiores no portantes podrían interesar a arquitectos y fabricantes de interiores. Estos productos pueden alinearse con las características del micelio de baja densidad, su absorción acústica y sus cualidades superficiales táctiles, singularmente diferenciadoras. Pero para que estos productos puedan venderse de manera segura, se requerirán pruebas de riesgo e inactivación fúngica. En efecto, los materiales de micelio suelen contener esporas en su interior, difíciles de inactivar por completo para volver el material completamente estable[7]

Aunque existen algunos conocimientos y métodos de ensayo, la investigación sobre este tema sigue en curso, e incluso algunos investigadores imaginan la presencia de esas esporas como una posible vía para regenerar propiedades del material luego del desgaste.

Hacia una industria de biofabricación
Especulemos para llegar a una conclusión. Un programa piloto en Argentina necesitaría distintos tipos de competencias: las instituciones agrícolas podrían ayudar a identificar residuos relevantes y logísticas estacionales; los biólogos especializados en hongos podrían analizar especies y cepas locales; los científicos de materiales podrían probar propiedades, como comportamiento ante al fuego y envejecimiento; y los fabricantes podrían diseñar una estrategia de implementación. Los municipios y operadores de residuos también podrían tener un papel importante, en apoyar la innovación emprendedora y la clarificación de las rutas de fin de vida. Si estos actores no se reúnen en torno a un producto específico, cualquier intento de iniciar una industria podría seguir siendo apenas una serie de muestras bellas.

Ahora bien, los clientes pueden recurrir a un solo actor para proveer un producto basado en micelio. Por falta de una infraestructura industrial especializada, ese actor necesita abastecerse de insumos, contar con conocimiento micológico para garantizar un procesamiento correcto, realizar el diseño del producto y entregarlo. Otra conclusión de este recorrido rápido, particularmente al observar Magical Mushroom Company, es que estos nuevos materiales deberían contribuir al surgimiento de una diversidad de actores industriales especializados que faciliten un crecimiento concertado: algunos tratarían residuos orgánicos y encontrarían oportunidades para ellos; otros transformarían materiales de micelio a granel; y luego estarían los diseñadores de productos orientados al consumidor. ¿Cómo tendría más sentido esto en Argentina?

Cabe mencionar brevemente la gran cantidad de patentes en manos de Ecovative o de sus competidores, capaces de marear a cualquiera. Sin embargo, muchas de ellas son más bien débiles. Conviene especialmente que, en este punto, los emprendedores consulten a abogados especializados en propiedad intelectual y a especialistas tecnológicos.

El campo está abierto porque aún no está estabilizado. Hay espacio para desarrollar propuestas relevantes, al mismo tiempo que se aprende de los costosos errores cometidos en Occidente. Los materiales de micelio todavía no se han convertido en la revolución industrial que alguna vez prometieron ciertos sectores de la cultura del diseño, pero quizá se encuentren en proceso de construcción. Estas iniciativas han formado un campo de protobiofabricación con éxitos dispersos, estructuras de costos no resueltas y una fuerte dependencia regional. Para los mercados emergentes, esto sugiere que la oportunidad no consiste en seguir tendencias del exterior, sino en encontrar dónde pueden integrarse los hongos a flujos de materiales existentes sin pretender resolver todos los problemas a la vez. 


[1] Versión adaptada de la frase atribuida a Henri Queuille: “Les promesses n'engagent que ceux qui les écoutent”.

[2] Esta nueva frontera de "materiales vivos diseñados" combina la estructura física del micelio con microorganismos vivos (como bacterias o microalgas). El hongo funciona como soporte o "esqueleto", mientras que los microbios actúan de forma dinámica para autoreparar el material, reaccionar al entorno o censar señales del ambiente.

[3] En el contexto de las empresas de biotecnología, la I+D (Investigación + Desarrollo), se refiere a toda la etapa científica y de laboratorio: el descubrimiento de nuevas cepas de hongos, la experimentación con diferentes alimentos (sustratos), los fallos biológicos y las pruebas para lograr que el material sea resistente.

[4] Certificación internacional otorgada por el organismo de auditoría TÜV Austria. Garantiza que el material se biodegrada y desintegra por completo (en un mínimo del 90 % dentro de un plazo de seis meses) en una compostera doméstica común a temperatura ambiente, sin dejar residuos tóxicos ni metales pesados en el suelo.

[5] Se refiere a la futura Advanced Materials Act, una iniciativa legislativa clave de la Comisión Europea programada para finales de 2026. Esta ley busca establecer un marco estratégico integral para acelerar el traspaso del laboratorio a la planta comercial (proceso “lab-to-fab”), simplificar las normativas de homologación y reducir la dependencia de materias primas críticas mediante el impulso de la economía circular. Fuente: Comisión Europea

[6] Wuxi Junzhen Biotechnology es una empresa biotecnológica china pionera en la fabricación de materiales basados en micelio. Es el equivalente asiático a empresas como Ecovative en Estados Unidos o Grown Bio en Europa. 

[7] Para más información sobre este tema, recomiendo consultar el capítulo 'For Mycoboscus: Sustainability, New Species and a Desirable Future with Mycelium Materials' [Para Mycoboscus: Sostenibilidad, nuevas especies y un futuro deseable con materiales de micelio], del cual soy autor, en el libro Mycology for Architecture (2026, publicado por Pelagic).

 

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